Entendiendo la cólera

 

La violencia, la cólera y la intolerancia, se dibujan en el rostro de las sociedades desarrolladas o subdesarrolladas; con un simple vistazo a las noticias observamos las consecuencias producto de una población con escaso dominio de sus impulsos. Personas en guerra por ganar poder, un espacio de tierra, por defender sus creencias o religión o tan solo para comer o sobrevivir, son noticias de todos los días. Pero sin irnos muy lejos, sin tocar la peor cara de la violencia, no podemos dejar de lado aquella que se dibuja con trazos mas sutiles pero con consecuencias marcadas, como la violencia emocional y psicológica que puede existir en un matrimonio en conflicto, en el salón del colegio, en la sala de reuniones de una oficina o en la impaciencia evidenciada en el tráfico de nuestra ciudad.

En mayor o menor medida, todos en alguna ocasión hemos sido víctimas y victimarios de la intolerancia, la cólera y/o la violencia en cualquiera de sus formas; por lo que sería beneficioso reflexionar sobre aquellos factores que la propician. En este artículo comparto algunos de los procesos cognitivos que desembocan en emociones como la ira y la cólera identificados por el Dr. Aaron T. Beck en su libro Prisioneros del Odio; así como, de las reflexiones de mi propia experiencia como coach, psicóloga, víctima y victimaria.

Piensen en esta escena: “estas manejando para llevar a tu hijo a la escuela, de pronto un vehículo sin previo aviso te cierra el camino para tomar ventaja y llegar 2 segundos antes a donde quiera que se dirija; en ese momento al percibir la imprudencia del chofer y el potencial riesgo en el que te puso a ti y a tu hijo, bajas el vidrio para hacerle saber tu molestia y desaprobación, frente a lo cual el responde con un gesto muy conocido y poco amable; sin darte cuenta, te ves acelerando para alcanzar al susodicho y darle un remedio de su propia medicina, olvidando al igual que él, el riesgo al que expones a tu hijo, al chofer, a ti y a cualquiera que esté pasando cerca a ustedes en ese momento, como si ello fuese de alguna manera a aliviar o resarcir la situación, como si eso fuese a ayudar a que el individuo entienda lo equivocado de su proceder, cuando lo más probable es que ingreses en el sistema de alguien más, (como lo hizo el chofer al tuyo) aumentando el circulo de malestar e imprudencia”.

Pero, ¿qué es eso que pasa dentro de nosotros y que puede llevarnos a actuar movidos por la cólera u otra emoción de igual intensidad?

La respuesta se encuentra en los procesos que han sido responsables de nuestra sobrevivencia como especie. Las personas contamos con un sistema defensivo y primitivo que nos permite de alguna manera reaccionar y preservar nuestro bienestar físico, es decir tener una conducta defensiva y centrada en el “agente agresor”.

El responsable de la defensa se encuentra alojado en el sistema límbico, su nombre es la amígdala, quien tiene las funciones de ser el centinela del cerebro y por tanto la guardiana de nuestra sobrevivencia. Ejerciendo sus funciones, la amígdala observa todo el tiempo lo que pasa a nuestro alrededor, para determinar si existe una situación que nos ponga en riesgo y de la cual deba defendernos; si por algún motivo, esta interpreta y concluye que lo estas, automáticamente toma el control de las funciones de la parte racional de nuestro cerebro (neo córtex) y es en ese mismo instante en donde somos gobernados por las emociones, dejando el proceso reflexivo, racional y analítico anulado, disponiendo todo al servicio del ataque o huida.

Aunque esto es útil en escenarios de sobrevivencia, los cuales en la realidad de la mayoría de las personas que pueden estar leyendo este artículo, no son cotidianos ni frecuentes, ¿qué sucede cuando esta conducta defensiva y centrada en el otro es producto de inferencias y evaluaciones distorsionadas?, o ¿cuándo estas nos llevan a reaccionar de manera tal que acrecientan la situación de la cual nos estábamos defendiendo? o mejor aún ¿qué factores o características motivan estas distorsiones o reacciones poco funcionales?.

Según el Dr. Beck, las personas con predisposición a la cólera* (emoción que se diferencia de la molestia por su alta intensidad) pueden tener algunas de estas características:

  1. Suelen ser vulnerables al daño psicológico; es decir presentan hipersensibilidad a lo que ellos interpretan como rechazo, menosprecio, insulto, o al ser expuesto socialmente.
  2. Presentan problemas de valía personal vinculados a una gran necesidad de aprobación.
  3. Poseen demanda que creen los demás deben cumplir, para así garantizar su armonía y tranquilidad.
  4. Presenta fuertes distorsiones cognitivas, es decir distorsiones al interpretar la situación que están viviendo, llevándolos a creer que deben defenderse y atacar aunque su integridad no esté siendo realmente amenazada.
  5. La creencia de que han perdido una posición de poder y que deben recuperar lo que el otro les ha quitado, castigando al infractor.

De igual manera, es importante mencionar que cuando nuestra respuesta frente a una situación o persona, es la ira/cólera, esta suele presentarse como una emoción secundaria; es decir, si prestamos atención a nuestros propios episodios emocionales, podríamos identificar que existe una emoción primaria, que en muchos casos antecede a la cólera, esta emoción es la ansiedad. Veamos un rápido ejemplo al respecto:

Cuando nos enfrentamos a una situación o persona que nos pone en una situación de vulnerabilidad (física, emocional, intelectual, social) experimentamos ansiedad frente a la evaluación que tenemos de nosotros mismo, y si eso que vemos no nos gusta, porque sentimos que perdemos poder estabilidad, estatus, seguridad, entre otras, respondemos desde la ira, en un intento de recuperar eso que creemos se nos arrebató.

Por supuesto, que esto sucede a una velocidad que pocas veces podemos percibir, por lo que les invito a estar en contacto con sus propios procesos cognitivos y por supuesto emocionales, preguntándose ¿qué pasa por mi cabeza (pensamientos o imágenes) en ese mismo momento en que la ira se está haciendo presente? de manera tal, que permita identificar en qué medida la cólera es una repuesta a la ansiedad frente a una evaluación que se tiene de uno mismo, a una alta hipersensibilidad y/o alguna otra creencia que no esté ligada a una situación de amenaza externa real; es decir, identificar en qué medida, la intensidad de esta emoción (cólera) puede ser una respuesta que tiene que ver más con nuestra propia interpretación de la situación. Al hacer esta distinción, tenemos la posibilidad de asumir el control y elegir como enfrentar lo que está sucediendo, en lugar de ser víctimas y esperar que la “persona, cosa o situación” cambie o desaparezca.


*En este artículo, no se está haciendo referencia a la emoción de tristeza, emoción que se considera saludable, funcional y dimensionada a la situación; sino únicamente a la cólera/ira, emoción intensa que pareciera tomar el control de la persona que la experimenta.

Escrito por : Marjorie Abad

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